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Hotel Julio César: “Si se da calidad, la gente responde”

El hotel fue uno de los pioneros en los de alta categoría, fundado en 1994, cuando en Posadas era escaso el servicio hotelero. Pero tiene una larga historia detrás. Los cimientos se pusieron a fines de los 80, pero la idea era poner un sanatorio. Un amigo médico del padre era el asesor técnico del proyecto, pero, ante los elevados costos, se decidió la paralización. Ahí surge el hotel, en medio del furor desatado por el programa Emitur de Ricardo Barrios Arrechea. Demoró varios años la construcción hasta que en agosto de 1991 estuvo a punto. El nombre no es, como puede pensarse, una autoreferencia del padre, sino el homenaje a un hermano fallecido en un accidente doméstico.

Después del golpe para la familia, el gigante se puso en marcha. Sin embargo, los años ya no eran tan buenos. En medio de la crisis de los 90, el hotel cobraba forma.

Gustavo se incorporó en 1994, como uno más del hotel. Empezó de abajo y escaló cada peldaño. Primero como asistente de su padre y desde el año pasado, como cara visible de la empresa, que ahora conduce con sus hermanos.

También mantienen la empresa constructora, a la que revitalizaron después de unos años, con un par de obras privadas y otro tanto públicas. La familia también incursiona en el turismo natural, con Itororó Lodge en Dos de Mayo.

“Mi padre era ingeniero y puso el hotel para no quedarse solo con la constructora, que depende de los vaivenes de la política y de la economía. El avizoraba eso”, cuenta Gustavo en la redacción de Economis.

El Julio César fue, inicialmente, el terreno donde vivía la familia. Y es desde allí, donde se extiende el legado.

Gustavo siente suyo ese mensaje, aunque con una impronta particular. “No heredé eso del patriarca. Pero en  algún momento se deben tomar las decisiones, eso es la verticalidad. Si quiero tomar una decisión en la cocina, voy y hablo con el cocinero, porque es el que más conoce. Lo mismo con recepción, pido ideas. Aunque la última decisión la toma uno. Antes era mi viejo, ahora nos estamos acostumbrando a tomarlas con mi hermano. Ya somos dos, en un cuerpo más colegiado, aunque seamos distintos, nos estamos reconociendo como socios”, explica.

Y agrega. “A veces la mejor reunión del directorio es el asado de los domingos. Uno sin querer lleva el trabajo a la casa”.

Con la constructora pasó lo mismo “Llegamos un momento en que nos achicamos bastante. Nos acomodamos y empezamos a reflotar. La estamos llevando para adelante. Llegamos a un punto en que pensamos cerrar. No había otra, pero la reflotamos”, relata.

Gustavo asume el rol visible de la empresa familiar. Y no se queda solo en la administración. Hace pocos días se presentó el Buró Posadas con el que se pretende potenciar el turismo y él asumirá un rol preponderante desde la presidencia.

Aunque la exigencia es alta, Alvarenga disfruta de la responsabilidad. “Siempre fui el de las relaciones sociales, la atención al cliente los medios. Aunque en la empresa somos par y par”.

“Ya no tengo el colchón de mi viejo. Ahora la responsabilidad sos vos. Mi hermano está más en la constructora y mi hermana también pivoteando”, explica.

¿Cómo es sostener un emblema como el Julio César, con una actividad que ha pasado malos momentos?

 

Son 6.200 metros cuadrados que mantener, con gente dentro. En Posadas vino la competencia privada, que no es mucha. Pero después se metió el Estado a hacer un hotel, a revalorizar otro. Ahí es complicado, porque competís con uno que tiene recursos ilimitados. Fue muy complejo, un golpe muy grande. Sirvió para ponernos las pilas. Pero justo fue en una crisis económica y cuesta. La competencia fue dura, con un hotel nuevo con inversión del Estado. Fue un movimiento, un cimbronazo. Ahora nos estamos acomodando. Con el privado somos par a par. Pasamos lo mismo, cuidamos los precios. No hay guerra de precios. Cuando hay guerra, la calidad baja, aunque sea un beneficio para el cliente. Pero no te permite invertir, amortizar. Comprar sábanas, toallas, es plata.

No se puede amortizar y afecta la calidad….

Sé que nos faltan algunas cosas. Pero hago hincapié en la atención, que es fundamental, en un hotel, un restaurante, en todos lados. A veces discuto con mis pares que cuestionan a Encarnación. Paremos. Veo que en Posadas hay lugares que atienden muy bien.  Que dan cosas de calidad, no es barato y la gente responde. Funcionan muy bien. Lo que pasa es que la atención no es fácil, la sonrisa permanente, dejar los problemas afuera. A mis empleados les digo que elegimos un rubro que es el turismo, que trata con gente y tenés que estar bien. No importa si tenés problemas o estás enfermo. Igual que el gastronómico.

Y falta mucho en eso…

Falta mucho. Pero si no tenés la actitud… hay clientes con vueltitas o exigencias. Tenemos que estar dispuestos, atender, pedir disculpas. Juega un rol muy importante la universidad, con la capacitación, la preparación. Con el sistema de pasantías que tenemos, curriculada, de pocas horas, que sirve para conocer el hotel, enseguida ves la disposición del que le gusta. Por mi experiencia, los pasantes me dieron muy buen resultado y los recontrarecomendados, no me dieron resultados. Es porque se la actitud, la predisposición, saben cómo se mueve el hotel.

Fuente: https://economis.com.ar/si-se-atiende-bien-y-se-da-calidad-la-gente-responde/